martes, 26 de mayo de 2009

Los cuentos de siempre estan mu vistos

La princesa acariciaba con sus pies desnudos la hierba que rodeaba la charca, le gustaban sus zapatos, pero la sensación de la hierba fresca era tan... perfecta.

La dulce dama se acercó a la charca de los jardines de palacio y se sentó jugando a hacer ondas sobre las calmadas aguas, suspiraba, había recibido la noticia de que su padre quería desposarla con un gran rey, rico y poderoso y que cubriría todos sus caprichos, fueran cuales fueran. La princesa lloró y lloró, ella quería casarse por amor, con uno de esos príncipes azules, rojos o multicolor de esos cuentos que su madre le leía al acostar, se sentía triste, triste y desdichada por tan cruel futuro.

Mientras suspiraba intentando hacerse a la idea de como sería ese rey del que tan bien hablaban "¿Cómo puedo amar a alguien que nunca he visto?", se preguntaba. Al mirar a su alrededor se dio cuenta de que una rana la observaba. La princesa quedo mirando al animal sorprendida por su quietud, ella intentó espantarla lanzándole gotas de agua, pero el bicho ni se movió. La joven necesitaba un confidente y esa rana era la única que podía escucharla, así que la acuno entre sus brazos y estuvo hablando con ella durante horas.

Cuando terminó, misteriosamente, se encontraba mejor, aunque estuviera hablando con un animal verde y que se hinchaba y desinchaba con ritmo constante, dibujó una sonrisa en su cara de porcelana y le dio las gracias con un beso... al dárselo... ¡Sorpresa! ¡se transformó!

La princesa se convirtió en una hermosa rana de un bello color verde esmeralda, se acercó a su amado, su príncipe esperado, en este caso de verde color y, juntos, se zambulleron en la charca y fueron felices y comieron moscas despistadas.


* Las faltas ortográficas están puestas a posta! (Vale, no cuela, pero no mapetece estar revisando que es tarde =P)

1 comentario:

  1. Si es que ahora solo interesan los cuentos de princesos y principesas... un beso.

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